La función exponencial del cambio y la inteligencia lúdica

"Toda curva de cambio trae aparejada una curva de incomodidad y confusión, y una curva inevitable de aprendizaje. El problema se presenta cuando la curva de cambio va más rápido que la de aprendizaje".
Marcos Cristal
Fundador y partner de Business Skills.

El mundo ha cambiado vertiginosamente en los últimos doscientos años pero este proceso se aceleró de manera exponencial en los últimos. Poco podemos hacer para escapar a esta ola. ¿Cuán lejos y cuán vigente está la teoría darwiniana de que “no sobrevive el más fuerte ni el más inteligente, sino el que mejor se adapta al cambio”?

Como cuando viajábamos en un avión (¿se recuerdan de esas épocas?), sabemos que vamos rápido pero nos resulta difícil tomar consciencia mirando por la ventana. Nos falta un punto fijo que nos sirva de referencia para saber qué tan rápido nos movemos.

Analicemos brevemente la historia del transporte: recién en el 3500 AC se domesticó el caballo. Esto triplicó la velocidad máxima de la humanidad, pero esta se mantuvo constante por ¡50 siglos!

Con la conquista de los viajes aéreos el ser humano llegó a superar los 200 km/h y de ahí en más todo se fue acelerando: 500 km/h para la década del 30 y la velocidad del sonido (1235 km/h) para finales de la década del 40. Menos de tres décadas más tarde, ya se hacían vuelos regulares de pasajeros al doble de esa velocidad, en el Concorde.

La astronomía: desde el comienzo el ser humano solo había podido observar el cielo con sus ojos, pero en el 1609 Galileo inventó el telescopio y de ahí en más el cambio no se detuvo. En el siglo XIX ya se habían descubierto todos los planetas del sistema solar y en el XX se lanzaron múltiples telescopios espaciales, siendo el Hubble el más famoso. La mirada humana del cosmos se ha ampliado casi hasta los límites del universo. De unos pocos planetas pasamos a contar millones de millones de estrellas y los planetas que las orbitan. Leyeron bien millones de millones. ¡Que buena ducha fría de humildad para los que todavía piensan que somos el centro del mundo!

Un último ejemplo: la capacidad de almacenar información. Un tema central en nuestra sociedad informatizada. En la década del 90 era común que una computadora casera tuviera un disco rígido de 100 megas. Diez años más tarde ya manejábamos rutinariamente discos de 1 Giga (1000 megas) y hoy ya estamos usando discos de 1 Tera (1000 Gigas). El almacenamiento se expandió exponencialmente mientras el tamaño se redujo de forma constante: podemos tener bibliotecas gigantes en una tarjeta de memoria del tamaño de una uña.

Imaginemos que un criador de caballos del Imperio Romano del año 1 DC viajara a la corte de Luís XIV en el 1650. Es muy probable que pudiera entenderse sin mayores problemas con un colega del mismo rubro. Pero si un aviador de 1910 se sentara en la cabina de un avión de 1960 le sería imposible siquiera encender los motores.

La curva del cambio vs. la curva del aprendizaje

Y llegando a nuestros días, ni que hablar de la velocidad y el impacto de la irrupción de Internet, los celulares, las redes sociales… La pregunta es ¿En qué medida lo exponencial cambia la ecuación? Porque el amigo Darwin estudió procesos que tomaban miles de años… pero…

  • ¿Qué pasa cuando los cambios irrumpen a la velocidad de un rayo, como ocurrió cuando la Pandemia obligó a cientos de millones de personas a pasar del mundo físico al virtual en pocos días?
  • ¿Qué consecuencias trae que la innovación sea cada vez más barata y más rápida?
  • ¿Y qué consecuencias adicionales se presentan cuando el proceso se acelera aún más, gracias a que se promueve la innovación colectiva (porque ya sabemos que varias cabezas piensan más creativamente que una sola)?

Toda curva de cambio trae aparejada una curva de incomodidad y confusión, y una curva inevitable de aprendizaje. El problema se presenta cuando la curva de cambio va más rápido que la de aprendizaje. El conocimiento y la experiencia previa siempre fue un anclaje. ¿Qué pasa con la psicología humana cuando uno siente que todo se mueve y aparentemente no tenemos donde apoyarnos?

¿Existe una palanca en la cual apoyarnos que este medianamente fija?

Entiendo y promulgo que nuestro posible anclaje, nuestra palanca, es nuestra inteligencia. Pero no basta nuestra inteligencia racional, hay que agregarle:

  • nuestra inteligencia emocional, que nos ayude a ser resilientes (entiendo por resiliencia animarse a seguir testeando opciones nuevas en medio de la incertidumbre y los errores…),
  • nuestra inteligencia más práctica, que justamente nos permita experimentar, equivocarnos, desaprender y mejorar,
  • y finalmente una inteligencia colectiva, en donde la colaboración con otros potencia y multiplica la creatividad.

Los que me siguen ya conocen cómo defino a esta inteligencia, basada en el gran regalo con el que nos dotó la sabia naturaleza (me refiero a nuestro impulso lúdico, cuyo poder fue corroborado hoy por las neurociencias):

inteligencia lúdica = integración de las inteligencias racional+emocional+práctica+colectiva

Toffler lo plantea con toda claridad: “Para lidiar con el futuro lo más importante es ser imaginativo”. Esta creatividad se apoya en la integración de las inteligencias recién mencionadas. En un mindset más lúdico. Si el obstáculo es que no podemos predecir el futuro y utilizar soluciones que ya conocemos, transformemos obstáculo por oportunidad. Si no puedes con él, únete a él! Si no podemos predecir el futuro, apuntemos a inventarlo!

La función exponencial no nos espera. El cambio es una ola gigante que no podemos detener. Hasta el mejor nadador no puede luchar infinitamente contra la ola. La clave es aprender a surfear la ola para poder usar su fuerza a nuestro favor. Sobran soluciones que ya no funcionan. Por eso no nos cansaremos de impulsar una actitud, un mindset más lúdico, flexible, que da la bienvenida a lo inesperado, abierto al desaprender-aprender permanente, que se anima a co-crear y experimentar nuevas soluciones…

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